EL FRACASO DEL MODELO DOMINANTE DE DESARROLLO O LA GLOBALIZACIÓN NEOLIBERAL
En
la década de 1970, el desarrollo se orientó al mercado, el sector privado y la
liberalización, conduciendo a una reestructuración de los gobiernos, el
comercio y la inversión en favor del comercio internacional.
Parte de la receta
fue la obsesión por la eficacia, que resultó en la transferencia de los costos
desde el sector público a los hogares y comunidades y, en especial, a las
mujeres y las niñas en forma de trabajo de cuidados no remunerado.
Provocó
además el deterioro de los derechos, incluso la precarización de las
condiciones laborales para las/os trabajadoras/ es del sector servicios (a
medida que proliferaba la subcontratación de empresas del sector privado). Como
señaló Diane El son en la sesión en profundidad, el desarrollo y la ciudadanía
posteriormente han comenzado a tratarse de la acumulación de riqueza privada y
el consumo individual, especialmente en las economías emergentes, con efectos
graves para quienes no encajan en este molde, así como para el medio ambiente.
Si bien la retórica de la igualdad de género ha
comenzado a formar parte de la agenda del desarrollo, esto no ha llevado a la
igualdad dentro de un sistema justo sino más bien a elaborar estrategias sobre
cómo incorporar a las mujeres a un modelo al que le importan el rédito y el
crecimiento. La manera en que se organizan la producción, el intercambio y el
consumo en el sistema dominante no contempla los ciclos de recuperación del
ambiente o la reproducción social (como se puede ver en los supuestos
subyacentes sobre la elasticidad infinita de la reproducción social).
Esto se
ve con mayor crudeza en el modelo extractivista de desarrollo aplicado en
muchos países del Sur como forma de recaudar ingresos y crear/mantener a una
élite económica. En este modelo, los recursos naturales son extraídos y
exportados para obtener un lucro y, en el proceso, se destruyen territorios y
formas de vida. El concepto de “economía verde” es el ejemplo más reciente de
esa lógica.
Preocupada en apariencia por la sostenibilidad, la economía verde
se funda en la lógica del mercado y el lucro. Los recursos naturales,
incluyendo el aire, la tierra y el agua, son considerados por ahora otra
frontera para la monetización, con un valor de mercado para ser intercambiados
o explotados. Ya transcurrieron treinta años o más desde la irrupción del
neoliberalismo y estamos asistiendo a los debates revitalizados sobre
desarrollo. Mientras desentrañamos los efectos de la crisis sistémica sobre las
mujeres y sus derechos, las discusiones sobre las alternativas siguen siendo
fundamentales.
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