Primer caso.
ACCESO A LOS RECURSOS
COMUNES: RELATOS DE ORGANIZACIONES Y MOVIMIENTOS DE MUJERES EN INDIA.
Entre
toda la legislación vigente sobre los bienes comunes, Parthasarathy se detiene
en dos áreas de las disposiciones legislativas: la Ley 2010 de Readaptación de
Adquisición de Tierras y Reasentamiento (una reforma a la Ley de Adquisición de
Tierras de 1894) y la Ley 2006 sobre Tribus Desfavorecidas y Otros Pobladores
Tradicionales de Bosques, enfocado en bosques y pobladores de bosques.
Sostiene
que sobre las personas pobres, marginadas históricamente en función de
múltiples factores (clase, casta, etnia, género), recae una carga
desproporcionada de los efectos adversos de las políticas y su aplicación (o la
falta de aplicación). Concebido como dominio estatal desde tiempos coloniales y
aun desde antes, las tierras y bosques abiertos y comunitarios generalmente se
pensaron como dominio soberano, lo que permitía al estado determinar los
límites y normas de acceso, uso y ordenación de dichas tierras y sus recursos,
por lo común a costa de las comunidades más marginadas que dependen de ellos.
Efectos Las políticas agrarias fueron diseñadas en muchos casos conforme al
paradigma de desarrollo dominante centrado en las políticas impulsadas por el
mercado, la liberalización y el crecimiento, con cercamientos, desalojos y
extracciones, como forma de llegar a ese objetivo. Así, aquellas personas para
las que los bienes comunes y sus recursos ofrecen subsistencia y dignidad y,
ciertamente, reviste importancia cultural y representa una concepción distinta
de la economía/sociedad, quedan aun más marginadas, obligadas a ganarse la vida
con cualquier medio que ofrezca el modelo económico. Pese a que las
legislaciones agrarias tienen seria repercusión en la vida de las mujeres, su
condición y función en el desarrollo, la perspectiva feminista/de género sigue
eludiendo a quienes formulan y planifican las políticas. Por ello hasta hace
poco el género se ha mantenido invisible en el discurso sobre la tierra.
Además
de los impactos de género de la legislación estatal, las mujeres y los grupos
indígenas, entre otros, también se ven afectados por la exclusión perpetuada en
las propias comunidades: los grupos de mujeres y comunidades indígenas que
buscan acceso a los recursos y reclaman derechos [a los bienes comunes]
enfrentan constantemente las barreras de la exclusión en las aldeas o la
comunidad. Esto lo sienten más intensamente las mujeres de comunidades
marginales en las sociedades de subsistencia. No obstante, la Ley de Derechos
Forestales presenta un avance positivo.
Esta ley reconoce los derechos de las
mujeres, aunque con un alcance limitado de derechos como co-titulares junto al
esposo y en relación con otros familiares varones.
AWID 2013 Resistencia Las luchas más
amplias por los derechos a la tierra que llevan adelante las/os habitantes de
bosques y aquellas personas desposeídas y desplazadas por el proyecto de
desarrollo, aunque representan ostensiblemente los intereses de las personas,
muy pocas veces se articulan con la perspectiva de género, feminista y de
derechos humanos de las mujeres. Con frecuencia, también, una vez que el
movimiento cobra visibilidad e impulso, lo que se inicia como una protesta o
demanda de mujeres en el plano local queda sometido al privilegio patriarcal,
por el cual los varones (locales o no) retienen el dominio de las posiciones de
liderazgo. Sin embargo, en ámbitos locales, las mujeres continúan organizando y
agitando por derechos, dignidad y medios de subsistencia, desafiando tanto al
estado/modelo dominante de desarrollo, como a la naturaleza patriarcal de los
movimientos. Aunque desperdigados y de escala local, estos esfuerzos intensos
de las mujeres para movilizarse, hacer oír sus preocupaciones y negociar temas
generaron conciencia y les dieron visibilidad en las luchas por el ambiente,
los bosques y las tierras y las colocaron en el primer plano de los movimientos
que protestan, por ejemplo, contra la industrialización, los grandes diques y
la minería. Además de los movimientos, las mujeres también buscaron incidir e
intervenir en los espacios de planificación negociando con el Estado y las
instituciones locales de gobierno para garantizar la atención a diversas
prioridades, incluidas las necesidades de alimentos y subsistencia, y al mismo
tiempo, arrojando luz sobre la interrelación entre los bienes comunes y sus
vidas. Pero a pesar de todo, todavía resta mucho por hacer. Parthasarathy
señala que pese a las numerosas iniciativas y luchas de las organizaciones de
mujeres de base, los movimientos de mujeres todavía deben dar prioridad a un
compromiso profundo con las cuestiones de los derechos de las mujeres en la esfera
del desarrollo y los recursos naturales como una agenda clave en sus
estrategias.
Los movimientos de mujeres deben cultivar una postura y análisis
para desafiar el anclaje patriarcal de las políticas agrarias y de recursos
naturales, sus procesos y relaciones en la región. A pesar de los esfuerzos de
las redes (como Development Alternatives with Women for a New Era (DAWN)), las
investigadoras, activistas y organizaciones feministas (como el Centre for
Women’s Development Studies (CWDS) y las involucradas en el proceso del Foro
Social Mundial) para reclamar los derechos de las mujeres a la tierra, la
interacción sistemática con los temas del desarrollo vinculados a las políticas
de recursos naturales para la vida de las mujeres pobres rurales todavía debe evolucionar.
Un paso reciente en esa dirección es la intervención de un grupo de economistas
feministas en la comisión de planificación para introducir una perspectiva de
género en ese proceso. A través de sus numerosas luchas, las mujeres proponen
caminos que pueden conducir a un desarrollo sostenible, el bienestar y a una
vida digna. Su resiliencia y luchas para reclamar los bienes comunes y negociar
sus derechos a los recursos para subsistencia y como ciudadanas en pie de
igualdad, aun cuando el establishment confabula para privatizarlos, es una luz
de esperanza para una visión futura de desarrollo e igualdad desde una
perspectiva feminista.
Segundo caso
EXPERIENCIAS DE
EMPODERAMIENTO DE MUJERES JEFAS DE HOGAR EN INDONESIA
Mujeres
y pobreza en la Indonesia rural Indonesia tiene una población de unos 250
millones y es uno de los países de crecimiento más veloz de todo el mundo,
donde todos sus indicadores de crecimiento son positivos y orgullo del
gobierno. No obstante, persisten grandes desigualdades entre ricos y pobres y
entre áreas rurales y urbanas. El país abrió la economía a los mercados
globales, con enorme impacto en la vida de las personas. Uno de ellos es la
migración masiva de hombres de las zonas rurales a las urbanas en busca de
mejores oportunidades laborales y dejando a muchas mujeres atrás, generalmente
en situación de extrema pobreza. El programa del gobierno para reducir la
pobreza es insuficiente e inapropiado. Incluyó primordialmente dos aspectos: la
transferencia de efectivo que termina empléandose para ganar votos (“política
del dinero”), y los microcréditos que no solo fueron rápidamente
industrializados por los bancos comerciales, sino que promovieron que muchas
ONG actuaran como bancos. Los hombres habitualmente son considerados los jefes
del hogar, pero existen alrededor de 9 millones de mujeres pobres que cumplen
esa misma función y que no aparecen en las estadísticas, quedando así excluidas
de las políticas de desarrollo en Indonesia. Está además el problema del
empoderamiento, pues las mujeres se autoperciben débiles sin un esposo,
inútiles e incompetentes para enfrentar los cambios de contexto. Existen otros
factores que contribuyen a la pobreza de las mujeres: por ejemplo, dependen en
gran medida de la naturaleza para alimentarse y alimentar a su familia. Con el
deterioro ambiental, se tornó dificultoso garantizar la producción de
alimentos. Dos ejemplos ilustran claramente algunos de los cambios que
repercuten en la vida de las mujeres. Muchas jefas de hogar en la Indonesia
rural se desempeñan como tejedoras tradicionales. Acostumbraban a comprar
productos naturales para teñir los hilados con el dinero que obtenían de
comerciar sus productos en mercados locales. El gobierno comenzó a introducir
hilados industrializados, aduciendo que ello ayudaría a las tejedoras
ahorrándoles un preciado tiempo (ensamblando productos con hilos en lugar de
tejerlos). Las mujeres modificaron su forma de trabajo, pero cuando comenzó la
crisis el precio del hilo aumentó y así se enfrentaron a la pérdida de empleo e
ingresos. Otro ejemplo tiene que ver con los cambios en el consumo de
alimentos. En Indonesia, la mayoría de la población rural no era gran
consumidora de arroz. Pero en las décadas de 1970 y 1980 el gobierno implementó
un programa masivo de desarrollo para introducir plantaciones de arroz en
algunas áreas y alentar su consumo. El arroz comenzó a reemplazar a los
cultivos autóctonos y esto cambió el esquema de consumo. El problema fue que
algunas áreas no eran aptas para cultivar ese grano de modo que las personas se
vieron forzadas a comprar a costos más altos en el mercado cuando en realidad
no tenían efectivo. Las mujeres rurales pobres se convirtieron en las
destinatarias de programas de desarrollo para 14 • AWID 2013 aliviar la pobreza
que respondían con políticas de transferencia de efectivo, microcréditos y
préstamos de dinero. Pero quedaron atrapadas y dependiendo de otras personas en
lugar de ser independientes y autosuficientes.
Tercer caso
UN REPASO POR LOS
LEVANTAMIENTOS ÁRABES: DE “PRIMAVERA ÁRABE” A UN MOMENTO REVOLUCIONARIO EFÍMERO
Los
levantamientos que sacudieron al mundo árabe a comienzos de 2011 fueron
apodados como la “primavera árabe”. Se dieron en un momento en que toda
esperanza de cambio en Medio Oriente tropezaba con el cinismo y la
desesperanza. Los últimos sesenta años estuvieron marcados por la regresión
económica, la represión política y la pobreza civil. La unidad árabe era una
noción romántica desahuciada a la que las generaciones viejas y las nuevas se
referían con nostalgia y desengaño. Y sin embargo, cuando la “primavera árabe”
estalló, fue como un efecto dominó de levantamientos que se esparcieron en toda
la región diciéndole a los líderes árabes “Ya Basta”. Un año más tarde, el
discurso sobre los levantamientos árabes cambió y dejó de ser una “primavera”
promisoria de nuevas oportunidades para convertirse en un “invierno” helado que
vaticina inestabilidad e inseguridad. Con anterioridad a los levantamientos, el
imperialismo estadounidense operó a la par de los corruptos regímenes árabes
para crear la ilusión de que la única alternativa a la democracia liberal y
occidental es el fundamentalismo islámico, y de que la liberación masiva en
Medio Oriente equivale a su desencadenamiento. Luego de los levantamientos
árabes, los Estados Unidos y las fuerzas internacionales dominantes siguieron
trabajando con otras fuerzas y agendas regionales para dar sensacionalismo a
las revueltas. Fue un intento por despojarlos de poder y dar prioridad a unos
sobre otros, como en el caso de la escasa cobertura que tuvieron los
alzamientos en Bahrein y Yemen. También se intentó promocionar la “primavera
árabe” como una trama de Hollywood con herramientas como Facebook y Twitter
como los actores principales en lugar de mostrar las verdaderas luchas y
dinámicas de clase que amenazan las estructuras económicas alimentadas con la
marginación y represión de las personas pobres. Los discursos internacionales y
liberales occidentales antes y después de los levantamientos árabes no han
cambiado demasiado. Todavía tienen una retórica orientalista que reduce la religión
y las culturas musulmana y árabe a algo violento e incapaz de determinar sus
propios destinos y, lo que es más importante, reduce a las mujeres árabes a
víctimas pasivas de esa violencia. Como árabes, también presenciamos cambios en
nuestra propia perspectiva sobre los levantamientos. Pasamos del convencimiento
previo de que nuestra dignidad descansaba en las manos de la integridad perdida
de los regímenes títeres árabes, a enfrentar una realidad nueva donde
intentamos proteger los levantamientos de las fuerzas internas y externas, ya
sea las intervenciones de la OTAN o las islámicas, que amenazan la integridad
de los levantamientos y cercenan la oportunidad de cambio por la que muchas
personas dieron la vida. La historia nos enseña que los vacíos políticos no se
dejan desatendidos y que siempre existen fuerzas emergentes AWID 2013 • 19
encontradas. Así como la izquierda surgió de los escombros de la dictadura de
Mubarak en el mundo árabe, lo mismo sucedió con las fuerzas islámicas
fundamentalistas, la dirigencia militar y la persistencia de antiguos
regímenes. En el Foro AWID 2012 escuchamos cómo esas fuerzas están afectando a
los movimientos feministas y por los derechos de las mujeres. Escuchamos
reiterarse que la verdadera prueba para los efectos revolucionarios de la
primavera árabe radica en la profundidad de la transformación de las relaciones
sociales de género. ¿Los procesos de democratización incluirán a las mujeres?
¿Qué fuerzas operan en contra de estas inclusiones? ¿Qué dificultades se presentan
al intentar afianzar un discurso donde los derechos de las mujeres se
consideran parte de los derechos humanos y no como luchas nacionales
secundarias? Ya sea que interpretemos los levantamientos como una “primavera” o
simplemente como un momento revolucionario efímero, las palabras de una
protestante en las calles de El Cairo durante los primeros 15 días de la
revolución Egipcia aportan algo de esperanza: “Los últimos 15 días serán
custodia de la República Árabe de Egipto durante los próximos 50 años.
Cualquier potencial gobernante pensará un millón de veces antes de hacer algo
de lo que Mubarak hizo, porque siempre deberá enfrentarse a la siguiente
pregunta: ¿recuerdas lo que sucedió el 25 de enero de 2011?” Se sentó un
precedente para cuando las masas dominen el Estado, para cuando el poder
colectivo triunfe sobre los intereses individuales y capitalistas. Ha quedado
una fecha marcada para cuando las/os egipcias/os, auto empoderadas/os, hagan
valer sus derechos para lograr su propia victoria. ¿Será que esto es
suficiente?



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