RE-CONCEPTUALIZACIÓN DEL DESARROLLO EN EL MUNDO.
Existe un diálogo abierto sobre cómo desafiar al modelo dominante de desarrollo desde una perspectiva feminista.
Las activistas y académicas
feministas que trabajan para desafiar a la globalización y/o al modelo
dominante de desarrollo (aunque desde diferentes marcos y perspectivas, de
diversa forma y en distintos espacios) generaron un abanico de pensamientos y
perspectivas sobre desarrollo junto con estrategias para avanzar en la
aplicación de alternativas.
Desentrañando el concepto de desarrollo: ¿De qué
desarrollo hablamos? El concepto de desarrollo se encuentra en crisis, no sólo
debido a su raíz colonialista, sino además por sus escasos resultados y la
incapacidad para atender las necesidades de las personas y los derechos
humanos. (Gina Vargas).
Distintas visiones del desarrollo Como lo subrayaron
muchas activistas por los derechos de las mujeres y grupos feministas, entre otros,
la crisis financiera y económica de 2008 es un ejemplo (entre muchos otros) del
fracaso del modelo dominante de desarrollo; es representativa de un fracaso
sistémico. Desentrañar, analizar y trabajar en el concepto de desarrollo en sí
mismo son actividades fundamentales a la hora de pensar una transformación
social y visiones alternativas al desarrollo y la economía.
El desarrollo como
concepto y proceso es construido, disputado y dinámico. Se lo ha entendido de
diversas maneras en distintos movimientos y sus efectos generalmente han sido
cuestionados. Según el momento histórico, el desarrollo fue entendido como
desarrollo nacional; desarrollo conducido por el estado, que se enfoca en
controlar al sector privado, el comercio internacional y la inversión; desarrollo
neocolonial o neoliberal; o construcción de nación, un desarrollo abocado a
edificar un país en los procesos de descolonización. Existen además otros
términos como el de desarrollo comunitario, desarrollo local, desarrollo
humano/centrado en las personas y desarrollo sostenible.
Pese a la variedad de
formas en que se ha entendido el desarrollo, el objetivo generalmente ha sido
el crecimiento económico, vaciando de intención a los conceptos o marcos
potencialmente transformadores. Al discutir el desarrollo, importa preguntarse
cómo los derechos humanos de las mujeres (colectivos e individuales) se amoldan
a las distintas estrategias y enfoques de desarrollo.
El desarrollo también
puede refutarse por completo. Según Vargas, una de las ponentes de la sesión en
profundidad, el concepto mismo de desarrollo “nace del capitalismo y del
patriarcado, provocando fundamentalismos y autoritarismos de todo tipo”3 .
Durante la sesión, ella y otras apuntaron a las nociones occidentales de
“progreso” que impregnaron las construcciones y visiones de sociedad con las
que se creó una visión hegemónica de la economía y la sociedad. Como resultado,
se invisibilizó la sabiduría y las estrategias de muchas comunidades, pueblos y
naciones.
Es importante también abstenerse de idealizar demasiado otras
visiones de organizar la vida. Resulta fundamental interrogar acerca de la
situación de las mujeres en todas las visiones, modelos o estrategias de
desarrollo. Aquí vemos que si bien es posible entender el desarrollo de diversas
maneras, la forma como se lo entiende (y en consecuencia, se lo implementa) en
un momento determinado tiene que ver con una visión específica de quienes están
en el poder hacia dónde consideran que esa sociedad, ese país y ese pueblo
deben dirigirse.
Independientemente de las formas en que el desarrollo ha sido
concebido e implementado, las mujeres y sus derechos humanos quedan
constantemente marginados o instrumentalizados. De tal modo que, interrogantes
como “¿En qué tipo de desarrollo anhelamos ver cumplidos la igualdad y los
derechos humanos de las mujeres? O bien ¿Qué tipo de desarrollo u organización
económica sería el mejor respaldo para los derechos humanos de las mujeres?”
siguen siendo fundamentales. En este contexto, las feministas y otras han construido
(y siguen haciéndolo) alternativas, tanto dentro del sistema dominante
(generalmente desde los márgenes) como por fuera, fundamentándose en las
dinámicas y la política de la vida cotidiana, en el derecho a la tierra y al
territorio, en el derecho a los bienes comunes y a una visión de la vida y la
sociedad basada en la igualdad y la justicia.
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En los años 70, a partir de la Década de la Mujer, se comenzó a visualizar la posición
ResponderEliminarclave de las mujeres en el desarrollo. Se reconoció que habían sido marginadas del
mismo y para que éste tuviera éxito y fuera sostenible se debería tener en cuenta el
trabajo realizado por las mismas.
De esta manera surge el enfoque MED. Dicho enfoque tiene por objetivo integrar a las
mujeres de una manera funcional a una estrategia de desarrollo dada. Es decir: el
desarrollo necesita a las mujeres. Para esto pone el énfasis en el papel productivo de las
mujeres entendiendo su subordinación por su exclusión del mercado. Tiende a
considerar a las mujeres aisladamente, buscando soluciones parciales y señalando sus
necesidades a través de intervenciones específicas o en proyectos con un "componente"
de mujer. Estas acciones han estado mayoritariamente enmarcadas en enfoques
tradicionales reforzando sus roles genéricos sin cuestionar la división social del trabajo.
(Ver la evolución del enfoque en los cuadros siguientes).
A finales de los 70, se comienza a cuestionar (por influencia de las organizaciones de
mujeres y de funcionarias de organizaciones internacionales) lo adecuado de centrarse
sólo en las mujeres. Comienza a incorporarse en el debate la importancia de las
relaciones de poder, del conflicto y las relaciones de género para entender la
subordinación de las mujeres. Este debate permitió paulatinamente pasar de una
concepción MED a GED y definir herramientas y metodologías para la planificación.